Historia
De época romana son varias inscripciones en
roca que se encuentran en el paraje de las Higuericas y
que se han identificado con una necrópolis.
Tras la conquista cristiana formó parte de la Encomienda
de Segura, que pertenecía a la Orden
de Santiago, de la que era comendador el duque
de Feria. Fue sede de la Vicaría de su nombre con
jurisdicción sobre Torres de Albanchez y
pueblos de Bayonas, cuya desaparición no lograron
impedir los privilegios y Carta Puebla otorgados
por los Maestres de la Orden.
Hasta 1533 era conocido como Albadalejo de la
Sierra, en esa fecha no solo cambió de nombre al actual
sino que consiguió el privilegio de villazgo y jurisdicción
civil y criminal de primera instancia, por orden de Felipe
II. La conversión costó a los vecinos 236 maravedís.
La historia de Génave está ligada a
la de Segura de la Sierra, a cuyo partido
pertenecía, integrándose dentro del enorme alfoz de
la Orden de Santiago. Una dependencia que vendría desde
época musulmana en la que Génave sería una de las
pequeñas alquerías que formaban un cinturón en torno a
Segura.
Entre los siglos XI y XIII, y ante el avance de
los ejércitos cristianos, los musulmanes emprendieron un
sistema programado de fortificaciones. En Génave se
construiría una torre o un refugio, que tras la conquista
cristiana sería enormemente transformado. La torre de la
Tercia, que hoy preside el centro de la población,
sustituiría a esta antigua fortificación musulmana.
A este torreón de la Tercia hace referencia el informe
del visitador de la Orden de Santiago don Francisco de León
con motivo de la visita que hizo al reino de Murcia en
1468: "Ay otro lugar que llaman Xenave, con otra
torre muy buena que tiene dos bóvedas de cal y canto, donde se
retraen los del lugar cuando vienen los moros".
A unos tres kilómetros de Génave se localizan los
restos de otra fortificación denominada torre de la Laguna
o Zarracotín. Fue construida en tabiyya y en los
alrededores de la torre hay restos de muros, que pudieron
formar parte de la muralla que la circundaban. En la relación
de Felipe II ya se indicaba que esta fortaleza
estaba deshabitada y en ruinas.
A lo largo de la Edad Moderna se mantuvo su
dependencia de la Encomienda de Segura de la Orden
de Santiago, hasta que Felipe II le concedió
el título de villa. Según el privilegio conservado en el
Ayuntamiento, obtuvo el título de Villa en 1551
por la cantidad de sesenta y cuatro mil reales que fueron
abonados por don Félix Patiño, natural de los
Infantes y con residencia en Génave.
El origen de la actual población de
Torres de Albanchez está en uno de los
numerosos castillos-fortaleza que en época islámica
poblaban la Sierra de Segura, el de la
Yedra, en torno al que se aglutinaba en época de peligro
las aldeas dispersas por su término.
Las tierras que hoy ocupan Torres de Albanchez
pertenecieron al Iqlim de Saqura,
dependiente en un primer momento de la Cora de Yayyan
(Jaén), y que desde el siglo XI fue un
señorío independiente, aunque muy vinculado a la cora de
Tudmir (Murcia).
En 1235 fue conquistado por los caballeros de
Santiago al mando del maestre Pelay Pérez Correa y
pasó a engrosar el extenso señorío de la Orden con sede
en Segura de la Sierra. La donación a la Orden
por parte de Fernando III está fechada en el
mismo año en Malagón, el 1 de mayo.
Tras la conquista la población se trasladó desde el
castillo de la Yedra hasta su actual emplazamiento, en el
que los cristianos construyeron en el siglo XIV
un recinto amurallado . El recinto estaba formado por la
torre del Homenaje, que aún se mantiene en pie en centro
de la población, rodeada por un cinturón de murallas con
cuatro cubos macizos. Estos cubos debieron levantarse en el
siglo XV, debido a los grandes avances en
artillería.
Torres de Albanchez experimentó un rápido aumento de
población como testimonia la fundación en la localidad de un
hospital. El siglo XVI fue una época de
expansión económica y social para la localidad, a mediados de
la centuria Felipe II le concedió el título de villa
independiente de Segura, si bien, mantuvo su ligazón
con la Encomienda hasta el siglo XIX.
En 1575 fue su comendador el duque de Feria.
Torres de Albanchez enviaba a sus procuradores a
las reuniones que convocaban en el Monasterio de Nuestra
Señora de la Peña en Orcera sobre ordenanzas de montes,
que tenían como finalidad guardar, conservar y administrar los
montes de Segura. En 1744 se creó la
Provincia Marítima de Segura de la Sierra,
ocupándose sus montes por el Ministerio de la Marina
(que se ocupaba de la gestión de los montes), cuya sede y
ministro residían en Orcera.
En
tiempos de Al Andalus Siles era una próspera población,
nombrada en las crónicas como Silis. Tenía un
castillo-fortaleza, que era uno de los más importantes
baluartes defensivos en el control de los caminos de levante.
A parte de este castillo contaba en su término con otras
fortalezas que reforzaban su estratégica posición:
Peñafleita, Tasca y la población fortificada de la
Peña Horadada.
Silis formaba parte del distrito de Saqura (Segura),
perteneciente a la Cora de Yayyan (Jaén). Según
refieren las crónicas, en época islámica la Sierra
de Segura estaba poblada por numerosas aldeas,
lugares de refugio y castillos fortalezas.
A finales del siglo XII, con la formación de los
distintos reinos de Taifas, esta plaza fue disputada
por los ziries de Granada y el rey de
Almería Ibn Sumadih que se apoderó de Silis en
1076-77, pero poco después pasó mediante acuerdo a
los ziries.
Siles fue conquistado en torno a 1230 por los
caballeros de la Orden de Santiago al
mando del maestre Pelay Pérez Correa y pasó a engrosar
el extenso señorío de la Orden con sede en Segura de
la Sierra.
Después de la conquista, Siles mantuvo su importancia
estratégica, de lo que da cumplida cuenta el episodio el cerco
de Yusuf I de Granada en 1339, con 1.500 caballeros
y 6.000 infantes moros. El ejercito cristiano al mando
del maestre santiaguista Santiago Alonso Meléndez de
Guzmán, consiguió que los atacantes levantaran el cerco,
que de haber tenido éxito habrían puesto en peligro no solo la
marca santiaguista sino también al Adelantamiento de
Cazorla.
Perteneció al Reino de Murcia y partido de Segura,
Orden de Santiago y dependía de la Chancillería de
Granada y al Obispado de Cartagena.
En 1397 le fue concedido el privilegio de
Villa. Este titulo de otorgó por que ella sola y a sus
expensa se cercó de murallas y construyó tres torreones.
Posteriormente le fue confirmado por Felipe II durante
su reinado.
La cerca tenía un trazado rectangular y era de argamasa, de
dos varas de ancho y 10 varas de alto y de contorno 614 varas.
Tenía tres torres, además de una fortaleza principal, que a su
vez contaba con otras dos grandes torres. Entre ambas torres
se encontraba la casa de aposentamiento, donde los
santiaguistas recogían las rentas de los diezmos del pan, y
junto a la casa se levantó la iglesia.
En esta casa de aposentamiento vivió don Rodrigo
Manrique, padre de Jorge Manrique, durante
mucho tiempo, y fue aquí donde murió. La presencia de don
Rodrigo en Siles motivo el que su fortaleza y población
se vieran involucrados en las luchas nobiliarias del siglo
XV.
A mediados del siglo XIX aún seguía en pie la
fortaleza: el casco urbano de Siles estaba dividido en
dos, la parte más antigua llamada Villa estaba
circundada por las murallas, que conservaban hasta sus almenas
y tres puertas; al resto del casco urbano que estaba fuera del
recinto se denominaba Nueva Población.
Estas tierras estuvieron pobladas desde los
tiempos prehistóricos más remotos, la documentación de
utensilios de silex en la Cueva del Agua presagia
su ocupación desde la Edad de Piedra. De la Edad del
Bronce (II milenio a J.C.) se ha documentado una masiva
ocupación por los márgenes del río Guadalimar,
que vuelve a estar atestiguada para época romana. De una etapa
anterior, ibérica tardía, son los restos de una fortificación
en el cerro del Castillo del Cortijo de las Fuentes.
De época islámica es la fortaleza de Cardete, visible
en el horizonte, a escasos kilómetros de Benatae. El
recinto es una construcción trapezoidal irregular con una
torre troncopiramidal en el lado menor. En esta etapa
Benatae debía ser una aldea, entre otras que poblaban su
territorio, dependientes de la mencionada fortaleza.
En la crónica de las conquistas de Fernando III
no aparece citada esta población, hecho que atestigua que no
era más que una aldea y que no tenía fortificación. No
obstante debió ser ocupada entre 1226 y 1242, al
mismo tiempo que la mayor parte de la Sierra de Segura.
Fernando III la cedió a la Orden de Santiago
y fue adscrita a la Encomienda Mayor de
Castilla. Desde este momento su historia estuvo ligada
a la de esta Orden y a la del resto de la comarca de
Segura de la Sierra. Perteneció a la Real
Chancillería de Granada y al Obispado de
Cartagena. Entre 1243 y 1245, cuando se
trasladó la Encomienda Mayor a Segura, se
adscribió a esta.
A finales del XIV y principios del XV debía de
haberse consolidado su población y tener cierta entidad pues,
según se refiere en las "Relaciones" de Felipe II
, Benatae fue elevada a Villa por Juan II
en 1415.
La arqueología ha constatado que durante el
II milenio a C. se produjo un intenso poblamiento del
término de Orcera, en torno a los valles de los ríos,
con asentamiento de altura, como cerro de la Atalaya y
el Peñón de Utrero, ambos con abundantes
restos de fortificación, y otros de posición algo más baja,
como el del Cerro de la Coja.
En época islámica, Orcera era una pequeña alquería (Qarya)
emplazada junto al río Orcera e integrada dentro del
distrito administrativo de Saqura (Segura de la
Sierra). Durante el siglo XI, tras la creación
del reino Taifa de Saqura, y ante el
peligro de los ejércitos castellanos, durante los siglos
XII y XIII, Orcera , como el resto de
alquerías circundantes de Segura, levantaron sus
propios recintos defensivos.
En el termino de Orcera se conservan tres torres de
este periodo, denominadas: Santa Catalina 1, Santa Catalina
2 y Santa Catalina 3, y se tienen noticias de otra, la
Torre de Orcera, de la que no quedan restos
y que estaba ubicada en la plaza.
Orcera fue conquistada hacia 1230 por tropas del
alfoz de Alcaraz, de la actual provincia
de Albacete. Al contrario que el resto de las tierras
colindantes, no pertenecía a la Orden de
Santiago, dueña de los entornos de Segura por
privilegio de Fernando III.
Orcera perteneció hasta el 25 de
noviembre de 1285 a la jurisdicción de
Alacaraz, pasando en esas fechas a formar parte del
Común de Segura y su tierra. Fue donada a la
Orden de Santiago y a su maestre, don
Pedro Núñez, en calidad de arrabal de Segura,
reservándose moneda foránea y justicia. Esta donación fue
confirmada por otro Privilegio de Alfonso
XI despachado en Alcalá de Henares
con fecha 8 de abril de 1329.
Perteneció a la Orden de Santiago, Chancillería de
Granada y Obispado de Cartagena.
En el paraje conocido como el "Convento" existió un
Monetario Franciscano en el que se reunieron en
1580 los procuradores de las villas del común para
elaborar las "Ordenanzas del Común de la villa de Segura y
su tierra", con el fin de guardar, conservar y administrar
los montes de Segura. Estas ordenanzas fueron
confirmadas el 5 de julio de 1581 por Felipe II,
estando en vigor hasta 1744 en que se creó la
Provincia Marítima de Segura de la Sierra, cuya sede y
ministro residían en Orcera, que en esa época seguía
siendo arrabal de Segura de la Sierra.
En 1836 se suprimió esa provincia marítima y al año
siguiente, 1837, Orcera se independizó de
Segura de la Sierra, pasando a ser
villa independiente.
Las pinturas rupestres
halladas en los abrigos naturales de Collado del
Guijarral y Cueva de la Diosa
Madre, atestiguan la presencia humana en estas tierras
desde el IV milenio a C. Entre los
motivos representados destacan unos ojos rodeados de círculos,
que han sido relacionados con el culto a la diosa madre.
El pueblo islámico proporcionó a Segura, Saqura,
su más esplendorosa época y, también, la más agitada. En el
año 781 fue tomada por los musulmanes comandados por
´Abd al-`Azid, lugarteniente de Tariq. Los textos
árabes aluden a Saqura (Segura), como medina o
como hins, indistintamente, dependiente de la Cora
de Yayyan (Jaén).
En el siglo XI Saqura adquirió gran renombre al
convertirse en sede de un pequeño señorío independiente. Hacia
1043 el señor de Segura era Said ibn Rufayl o
Rufil , formaba en la coalición antibereber dirigida por el
rey de Zaragoza.
Segura formo parte de las posesiones del señor de Denia
y cuando el emir de Zaragoza se apoderó de los estados
de aquel, permaneció durante algún tiempo independiente bajo
el gobierno de Siray al-Dawla. A la muerte de
éste, la fortaleza quedó a cargo de la familia de los Banu
Sahayl, que deciden entregar la fortaleza a Al
Mutamin de Zaragoza.
En 1091 Segura es ocupada por los almorávides. A
mediados del siglo XII, Ibn. Hamusk, lugarteniente y
suegro de Ibn Mardanis señor de Valencia y
Murcia, se alzó contra los almorávides y tomó posesión de
la fortaleza de Segura. Pero tras el deterioro de
relaciones este ambos, b. Hamusk se alió con los
almohades, que entraron hasta el último rincón del reino del
señor murciano.
Tras un periodo de tensiones entre los almohades, la villa fue
conquistada por los cristianos el día de San Vicente de
1214, enarbolando la bandera de la Orden de
Santiago. El rey Alfonso VIII
cedió la villa a la Orden de Santiago, que la convirtió
en centro de su Encomienda. Los reyes Fernando
III, Alfonso X y Fernando IV,
concedieron a la villa y a la Orden que la
administraba numerosos privilegios.
Uno de los comendadores de Segura de la Sierra
fue don Rodrigo Manrique (entre 1434 y 1474),
padre del célebre poeta Jorge Manrique, que
nació en esta población hacia 1440.
En el siglo XVI la ciudad tuvo una etapa de gran
esplendor, proporcionada por la enorme cantidad de maderas
producidas en su territorio, que transportadas por el cauce
del Guadalquivir abastecía a toda Andalucía.
Durante el siglo XVIII, el Estado irrumpió en la
administración de los Montes de la comarca, el Ministerio
de Marina y Montes convirtió a Segura en provincia
marítima (sin duda por necesitar su madera para la
construcción de naves). La gestión de los montes por el
Ministerio ocasionó la explotación intensiva de los recursos
madereros ,favoreciendo intereses particulares en detrimento
de los sistemas tradicionales de explotación. El progresivo
descenso en consumo de madera provocó el desinterés de la
administración y los agentes productivos, sumiendo a la
comarca en un letargo económico que se prolonga hasta nuestros
días.
Los hechos más destacados del XIX fueron la ocupación
francesa de 1810, que tuvo como resultado la muerte de
numerosos habitantes y el pueblo arrasado; y la independencia
de numerosos municipios que desde la conquista castellana
habían pertenecido a Segura.
La villa de Segura de la Sierra está declarada
Conjunto Histórico-Artístico y Paisaje
Pintoresco.
La
posición estratégica de esta población, en la entrada natural
a la Sierra de Segura, originó el levantamiento de
construcciones defensivas desde época islámica. Según los
textos árabes la Sierra de Segura se pobló de numerosas
aldeas, lugares de refugio y castillos-fortalezas, hasta un
número de 300. En la Puerta hay constancia de dos fortalezas,
la que se emplazó en lugar que hoy ocupa su casco urbano y el
de Bujalamé o Bujalamed, del que se conserva una
estilizada torre.
La fortaleza que se levantó en la Puerta de Segura
en época islámica, tendría como función principal sería servir
de refugio a las aldeas que poblaban su entorno. Un complejo
recinto fortificado que el tiempo y el crecimiento de la
población se han encargado de arrasar.
En 1235 fue conquistada por los Caballeros de
Santiago y pasó a engrosar el extenso señorío de la
Orden con sede en Segura de la Sierra.
En 1576 La Puerta contestaba a las Relaciones
Topográficas de Felipe II, en la que se señala que dentro
del castillo existía una iglesia. Durante este reinado estuvo
incluida primero en la demarcación territorial de Toledo
y dentro de la Encomienda de la Orden de Santiago,
pasando, posteriormente, a la dependencia del Gobernador
de Segura.
Por su situación geográfica, La Puerta fue con
Segura de la Sierra mojón de los reinos de Toledo,
Granada y Murcia, y con toda la comarca serrano-segureña
pasó a depender de la provincia de Jaén en 1833.
En 1833 recibía el título de villa y en 1917 se
le agregó "de Segura" para diferenciarla de
otras poblaciones del mismo nombre.
Los
primeros testimonios de la ocupación humana de estas tierras
se remontan al Paleolítico, a lo largo de las terrazas
del río Guadalimar y en el Cerro Mirallejo,
asociado a la cultura de los cazadores-recolectores. De la
Edad del Bronce se han localizado varios asentamientos
localizados en cerros de fácil defensa: Cerro de los dos
Hermanos, Guru, etc..
El actual emplazamiento de la población tuvo su origen en
época romana con la construcción del Puente Viejo,
que aún se conserva, aunque bastante deteriorado.
Durante la ocupación islámica esta población tuvo su periodo
álgido en época almohade con la construcción de la fortaleza
de las Torres de Peñolite, entre los siglos
XII y XIII. Tras la conquista cristiana pasó a
formar parte junto al resto de las tierras de Segura del
alfoz de la Orden de Santiago.
En las Relaciones Topográficas de
Felipe II realizadas en 1575 se menciona la
existencia de un molino de harina junto al Puente Viejo,
"industria" que con el tiempo fue proliferando.
A mediados del XIX el núcleo urbano estaba formado por
una serie de cortijadas aisladas: Pedro Nares, el
molino citado, Las Ánimas y La Mina. Desde estas
fechas hasta mediados del siglo XX el núcleo fue
creciendo y consolidándose al amparo de la roturación de
nuevas tierras en los márgenes del Guadalimar lo que
atrajo a nuevos colonos así como la política de obras públicas
ejercida durante la Dictadura de Primo de Rivera
(1923-1930), que posibilitó la construcción de la
carretera Córdoba-Valencia y la inconclusa línea
ferroviaria Baeza-Utiel, lo que propició la llegada de
abundante mano de obra, oficinas, gasolinera y toda una serie
de actividades económicas complementarias. Este crecimiento
auspició su independencia de la Puerta de Segura en 1933.
La población alcanzó su máxima expansión en los años cincuenta
con la construcción del pantano del Tranco y el
establecimiento de una serrería por parte de Renfe.
Pero se trataba de obras coyunturales que no creaban trabajo
estable por lo que en los años sesenta se invirtió
estrepitosamente la tendencia, con etapas de auténtica sangría
poblaciones que solo ha llegado a estabilizarse en los años
ochenta.
La gran riqueza arqueológica del entono de
Beas atestigua una ocupación humana desde los remotos
tiempos del Paleolítico Inferior, interrumpida a
lo largo de todas las etapas históricas. Poblados de la
Edad del Bronce, como el del Cortijo de los Cuatro
Vientos o Bretaña, o el de Cornicabral,
definen una intensiva ocupación centrada en la agricultura y
el control de los centros mineros. Una nueva ordenación del
territorio se define al final de la Etapa Ibérica, con
Morrón de Guadahornillos como centro de control y
numerosos asentamiento agrícolas.
De la etapa romana cuenta la localidad con un conjunto de gran
relieve, la Villa romana de los Baños, que en su última
fase de ocupación presenta la estructura de una villa con
extraordinarios mosaicos.
En la Edad Media Beas contó con un complejo recinto
fortificado que el tiempo y el crecimiento de la población se
ha encargado de arrasar. Este sistema defensivo se asentaba en
la parte alta de la población: un amplio recinto, con al menos
cuatro torres en su flanco norte y en uno de sus extremos el
alcázar rodeado por una barbacana.
La fortaleza debió construirse en época islámica y su
función principal sería servir de refugio a la población. En
esta etapa Beas debió ser una de las 300 aldeas que
según al-Zuhuri existían en esta zona o una de las 33
fortalezas. La villa debió ser conquistada entre los años
1224-1227 por don Juan, obispo de Osma,
Canciller del rey de Castilla Fernando III. Debido
a su localización estratégica, el Maestre de la Orden de
Santiago don Rodrigo Iñiguez, logró su permuta por una
serie de lugares en la diócesis de Osmar a favor del
mencionado obispo en 1239.
En 1575 y 1578, Beas contesta a las
Relaciones Topográficas de Felipe II, en las que aparece
como un centro económico floreciente de la zona de Segura.
Tenía unos 4.500 habitantes y una fuerte impronta agraria,
doce molinos harineros, dos destinados al aceite y cinco
batanes para transformación de la lana e industria pañera.
Durante este reinado estuvo incluida primero en la demarcación
territorial de Toledo y dentro de la Encomienda de
la Orden de Santiago, pasando, posteriormente, a la
dependencia del Gobernador de Segura.
A mediados del siglo XIX la situación había tomado el
giro contrario, su población descendió a los 731
vecinos, unas 2.695 almas. La villa con 500
casas, 16 calles y 3 plazas, era
sólo el testimonio del esplendor pasado y de los desastres
ocurridos a principios de siglo con la ocupación francesa, que
entre otros destrozos, incendió la iglesia y la casa
consistorial.
El emplazamiento que hoy ocupa Hornos
fue poblado en el III milenio a C., en el periodo
correspondiente a la Edad del Cobre, y se mantuvo
ocupado durante la Edad del Bronce, II milenio a J.C.
Posteriormente el lugar se abandonó y no volvemos a tener más
información hasta época medieval.
En las fuentes árabes se la cita como Fornus. Al
parecer era un hins, una aldea cuyo emplazamiento en lo alto
de la peña la hacía inaccesible y un recinto murado, quizá con
alguna otra defensa en la parte más elevada.
La población fue conquistada en 1239 por Pedro
Pelayo Correa, maestre de la Orden de
Santiago y quedó adscrita a la encomienda de Segura de
la Sierra, dependiente en lo espiritual de la diócesis de
Cartagena.
La Orden construyó el actual castillo. En la
parte más elevada erigieron el alcázar y en su interior la
torre del homenaje y un aljibe. Este último y las otras tres
torres del recinto parecen ser más antiguas, de época
almohade. Pero no fue esta la única fortificación, pues por la
posición de Hornos en el flanco de la sierra en su
término se levantaron varias fortificaciones. Al sur de la
población, en una isleta del pantano del Tranco, unas
veces cubierto por las aguas y otras visible, se conserva el
Castillo de Bujaraiza, con recinto poligonal y torre
del homenaje. Entre las torres que poblaban su territorio
destaca la de Bujacaiz, hoy cubierta totalmente por las
aguas.
Hornos fue uno de los lugares, junto con Segura de
la Sierra, desde la que los miembros de la
familia Manrique intervinieron activamente en la
política castellana del siglo XV. Esta familia
estuvo por lo general enfrentada a los reyes Juan II y
Enrique IV, ya que siempre controlaron buena parte de las
fuerzas y recursos de la Orden de Santiago,
de la que don Rodrigo Manrique, comendador de
Segura llegó a proclamarse Gran Maestre,
resistiendo y derrotando en Hornos a las tropas
enviadas contra él por Juan II y su valido don
Álvaro de Luna.
El periodo de mayor expansión de esta población fue de
mediados del XIX a mediados del XX. En la
primera fecha la población había alcanzado los 604
habitantes, a finales del XIX ascendía a 1.796,
a mediados del XX se cifra en 3.012. Durante estas
fechas se produjo la demarcación del municipio dentro de la
provincia de Jaén, tras una etapa de adscripción y
"pertenencia a la provincia de Murcia". A partir de mediados
del XX se produce una etapa de decrecimiento hasta
llegar a los 800 habitantes con que cuenta en la actualidad.
Este pueblo serrano, enclavado en un risco, y con aire
medieval, fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en
1985.
El municipio de Santiago Pontones
nació de la fusión llevada a cabo por Decreto en
1975 entre los municipios de Santiago de la Espada y
Pontones.
En la Cueva del Nacimiento en Fuente
Segura (Pontones) se ha documentado, con fechas absolutas,
la ocupación humana más antigua en la provincia. En el 9250
antes de Cristo existió en este lugar una
comunidad de parentesco que vivían de la caza del ciervo, el
rebeco, la cabra montés, el corzo y el jabalí. A esta primera
fase de ocupación de la Cueva se superpone otra en el
Neolítico, que por el material cerámico e industria
lítica, se ha fechado a mediados del VI milenio
a C. A una fase posterior pertenece el abrigo de
"Río Frío", que alberga un sepulcro colectivo que se ha
datado entre finales del III milenio y II a C.
Durante la etapa ibérica esta zona estuvo bajo la égida del
gran centro ibérico de Toya (Peal de Becerro).
De esta época es la necrópolis de las Quebradas.
En época musulmana las tierras de Segura de la Sierra
estuvieron pobladas de numerosas fortificaciones y alquerías o
pequeñas poblaciones. Por el término municipal de Santiago-Pontones
quedan vestigios de recintos fortificados entre los que
destacan el Castillo de las Gorgolillas, del que
se conservan cuatro hiladas fabricadas en sillares de piedra
bien devastada, de gran tamaño, y en el interior estructuras
rectangulares.
En 1243 estas tierras fueron conquistadas a los
musulmanes por la Orden de Santiago y en 1266
Alfonso X concedió una serie de privilegios a sus
habitantes.
El actual emplazamiento de Santiago de la Espada, tuvo
su origen en el grupo de pastores que acudían con sus ganados
desde Cuenca y tomó el nombre de Hornillo, por
el pequeño horno que para cocer el pan hicieron allí. Con el
tiempo acudieron también pastores de Segura, Siles
y Alcaraz, y se fue formando un núcleo de población
mayor, que se reagrupó en tono a la construcción de la Ermita
de Santiago.
Los Reyes Católicos la hicieron villa de fuero Real,
por las ayudas prestadas en la toma de Antequera y
Granada. El Villazgo le fue ratificado en 1637.
El antiguo nombre de El Hornillo, a raíz de la
visita realizada por el Mariscal de León
y gobernador del Partido don Cristóbal López
de Aguilera, se cambió por el de Puebla
de Santiago. Don Cristóbal
López hizo que se fundase una iglesia sobre la antigua
ermita, bajo el mismo patrocinio.
Pontones fue aldea de Segura hasta que en
1837 alcanzó su independencia.
En época árabe Sorihuela
del Guadalimar era una de las fortalezas que
reforzaban a la villa de Iznatoraf. En el año 886
el emir Haxen -Ben Abdelaziz mandó reforzar las
poblaciones del margen derecha del río Guadalquivir, en
Sorihuela se levantó un torreón, en torno al que se fue
agrupando un núcleo de población.
Tras la conquista cristiana por Fernando III
el Santo de Iznatoraf, la aldea de Sorihuela
junto con las de la Moraleja (Villanueva del
Arzobispo) y Torre Mingo Priego (Villacarrillo),
fueron donadas por el rey al arzobispo de
Toledo, don Rodrigo Jiménez de Rada, y pasó
a formar parte del Adelantamiento de Cazorla,
en el que ejercían señorío temporal y espiritual los
arzobispos de toledanos.
En 1545, bajo las presiones de Carlos V y con la
lógica reticencia de la iglesia toledana, fue nombrado
adelantado de Cazorla don Francisco de
los Cobos, secretario del emperador, con lo que comenzó
un periodo de pugna por el señorío entre la mitra y los
Camarasas, descendientes de aquél. El pleito terminó en
1606 con la restitución de la mayor parte del Adelantamiento a
la iglesia, pero se segregaron de él las poblaciones de
Sorihuela, Villacarrillo, Villanueva del
Arzobispo e Iznatoraf.
Durante el tiempo que se tramitó tan largo litigio, el rey
Felipe II, como señor provisional del Adelantamiento
concedió a Sorihuela el título de Villa el 11 de abril
de 1595 y la eximió de la jurisdicción que sobre ella
tenía Iznatoraf. Una independencia que resultó cara
para sus 650 habitantes que tuvieron que recurrir a pedir
préstamos a varios pueblos de la provincia.
En época árabe Sorihuela del Guadalimar
era una de las fortalezas que reforzaban a la villa de
Iznatoraf. En el año 886 el emir Haxen -Ben
Abdelaziz mandó reforzar las poblaciones del margen
derecha del río Guadalquivir, en Sorihuela se
levantó un torreón, en torno al que se fue agrupando un núcleo
de población.
Tras la conquista cristiana por Fernando III el
Santo de Iznatoraf, la aldea de
Sorihuela junto con las de la Moraleja (Villanueva
del Arzobispo) y Torre Mingo
Priego (Villacarrillo), fueron donadas por el rey
al arzobispo de Toledo, don Rodrigo
Jiménez de Rada, y pasó a formar parte del
Adelantamiento de Cazorla, en el que
ejercían señorío temporal y espiritual los arzobispos de
toledanos.
En 1545, bajo las presiones de Carlos V y
con la lógica reticencia de la iglesia toledana, fue nombrado
adelantado de Cazorla don Francisco de los Cobos,
secretario del emperador, con lo que comenzó un periodo de
pugna por el señorío entre la mitra y los Camarasas,
descendientes de aquél. El pleito terminó en 1606 con
la restitución de la mayor parte del Adelantamiento a
la iglesia, pero se segregaron de él las poblaciones de
Sorihuela, Villacarrillo, Villanueva del
Arzobispo e Iznatoraf.
Durante el tiempo que se tramitó tan largo litigio, el rey
Felipe II, como señor provisional del Adelantamiento
concedió a Sorihuela el título de Villa el 11
de abril de 1595 y la eximió de la jurisdicción que sobre
ella tenía Iznatoraf. Una independencia que resultó
cara para sus 650 habitantes que tuvieron que recurrir
a pedir préstamos a varios pueblos de la provincia.
En época árabe Villanueva era una de
las fortalezas que reforzaban a la villa de Iznatoraf,
llamada La Moraleja.
Tras la conquista por Fernando III el Santo de Iznatoraf,
esta aldea de La Moraleja fue donada por el rey
al Adelantamiento de Cazorla. En 1396, el
arzobispo de Toledo, don Pedro Tenorio, le
concedió el título de Villa, adquiriendo jurisdicción
propia y convirtiéndose en el núcleo comercial más importante
del señorío de Cazorla. Destacó por su producción de
harina, con numerosos molinos harineros que jalonaban el paso
del río Guadalquivir. Miguel de Cervantes
vivió durante un tiempo en esta villa, en 1592, como
recaudador de impuestos de trigo.
Felipe II le concedió la jurisdicción criminal en el
año 1573
Recibió el título de ciudad de manos del rey Alfonso
XIII en 1920.
Junto a Villacarrillo, Villanueva del
Arzobispo y Sorihuela de Guadalimar, Iznatoraf es una de
las "cuatro villas" que dan nombre, incluso a las
sierras de la zona.
Aunque discontinuo en el tiempo, el poblamiento es muy
temprano en esta zona. Se calcula que en el III milenio
a.C. el asentamiento en este lugar servía para controlar
el camino hacia las zonas mineras de Sierra Morena.
Sigue la presencia humana hasta época ibérica, quizás como una
pequeña atalaya, pero no aparecen restos romanos, por lo que
se deduce que fue abandonada.
El actual nombre es de origen árabe y alude (‘hisn’, castillo,
fortificación) a su muralla, construida en el siglo
XI y que refuerza el altozano ocupado por la población.
Como en otros casos de la provincia, no fue conquistada por
las armas, sino por la negociación. Fernando III
pactó con los vecinos, que abandonaron la fortaleza. Una vez
repoblado, se concedió a Iznatoraf el fuero de
Cuenca. De alguna manera se distingue a este lugar, porque
se declaran sus tierras de realengo, es decir, no se cede a
ningún señor, ni a una orden militar, ni a la Iglesia. La
situación no se prolongó en exceso: en 1252, Alfonso
X cede el lugar al Arzobispado de Toledo, que
convierte a Iznatoraf -junto a Cazorla y
Quesada- en una de las primeras villas del
Adelantamiento de Cazorla. Con el avance de
la Reconquista, su posición pierde importancia desde el punto
de vista militar, pero cobra fuerza como centro económico,
hasta tal punto que la población desborda pronto sus murallas
y se establece en el llano. De esta forma, las aldeas que la
rodean, crecen. La Moraleja se hace villa (Villanueva
del Arzobispo) en 1396; en 1450 el arzobispo
Alfonso Carrillo independiza la Torre
de Mingo Pliego, que toma su nombre, Villacarrillo.
El arzobispado toledano reforzó sus murallas y construyó un
castillo, ya desaparecido porque su función no era tanto la de
defensa como la de servir de residencia .
En el siglo XVI Iznatoraf es ya cabeza del
arciprestazgo y comienza la construcción de la Iglesia de
la Asunción, que recibirá añadidos durante los siglos
posteriores.
Durante ese tiempo, la historia de Iznatoraf
es la de una villa agrícola que, con altibajos, conoce cierta
prosperidad. Madoz destaca su producción aceitera
(molinos aceiteros a mediados del siglo pasado).
El Tesoro de Mogón, repleto de
monedas romanas y joyas de plata; la pátera de plata con la
cabeza de Medusa del siglo II a C; la
estatua del dios Mercurio, en bronce dorado; la Esfinge
alada, de origen fenicio; o el mosaico romano de Teatino;
todos ellos hallados en los alrededores de Villacarrillo
son muestra del alto grado que alcanzaron los asentamientos
íberos y romanos en esta población.
Villacarrillo tiene su origen en época musulmana
como fortaleza que defendía a Iznatoraf. Tras la
conquista de ésta por las tropas de Fernando III
el Santo en 1226, se inicia la evolución de esta
aldea a villa.
Conocida en un primer momento como Torre de Mingo Priego,
el rey la donó al Adelantamiento de Cazorla, del que
dependió jurídicamente, aunque en lo eclesiástico perteneció
al Obispado de Jaén.
En 1449 el Arzobispo de Toledo, Alonso
Carrillo, señor de la villa como Adelantado de
Cazorla, la segregó de Iznatoraf y le añadió su
apellido. Un año más tarde Juan II de Castilla le otorgó la
categoría de villa independiente, privilegio que fue vuelto a
confirmar por los Reyes Católicos el 26 de enero de 1498.
Durante los siglos XVI, XVII y XVIII se produjo
la consolidación y expansión de su población, que se traduce
en su actual casco urbano en calles de trazado regular y
grandes casas solariegas. Durante el siglo XIX y
principios del XX gozó de un importante auge, como
reflejan las edificaciones historicistas y modernistas que
salpican sus calles.
Por Real Decreto de 8 de mayo de 1877, el rey Alfonso XII
le otorgó el título de ciudad.
En Santo Tomé, en el paraje conocido
como Vega de Montiel, se hallo un
tesorillo y una efigie alada, de época ibérica ( siglo VI a
C), que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional.
Durante la época romana la zona tuvo una intensa ocupación por
medio de villas rústicas como la de Las Graveras.
De este periodo se conservan varias lápidas y otros objetos
como una pesa en el Museo Provincial.
De su pasado visigodo se conserva una lápida funeraria cuya
traducción reza así " Avilia Marcela, de treinta
y cinco años de edad, aquí esta sepultada.- Séale la tierra
ligera, sus compañeros le dedicaron este recuerdo" (Museo
Arqueológico Provincial).
En época musulmana sería una de las alquerías que poblaban
este territorio y contó con una torre para su protección.
Torre que aparece mencionada en las crónicas cristianas,
inmediatas a la conquista de este territorio y que
posteriormente sería transformada en campanario de la iglesia
parroquial.
En 1231 Santo Tomé, junto con otros
pueblos de la Comarca, pasó a formar parte del "Adelantamiento
de Cazorla", patrimonio del arzobispo de
Toledo. En 1438 el arzobispo de Toledo
autorizaba a don Pedro Díaz de Toledo a la fundación de
esta población. Según relata don Pedro Díaz al
llegar al lugar sólo existía un cortijo y una vieja torre.
En el año 1543, Díaz Sánchez de Quesada, Señor de
Garciez y de la Torre de Santo Tomé, se casó con doña
Leonor de Acuña, señora del castillo
y heredamiento de Nínchez y Chozas, en el
término de Baeza. El Vizcondado de Santo Tomé
fue dado a don Hernando de Quesada Mendoza y Toledo
por Cédula de Felipe IV.
Los
testimonios más antiguos hallados en su término municipal se
remontan a tiempo de los íberos, en la aldea de las
Almansas, y a época romana, en la que tuvo una intensa
ocupación por medio de villas rústicas. De esta época se
conservan un conjunto de inscripciones funerarias en el
Museo Provincial.
En época musulmana se ha identificado Chilluevar con
Alcoray, localidad mencionada por primera vez en
1256, y que debe ser la Alcorahe citada en 1384
en un documento del rey Juan I.
El impulso y consolidación del núcleo de Chilluevar
arranca de 1231, fecha en la que estas tierras pasaron
a formar parte del "Adelantamiento de Cazorla",
patrimonio del arzobispado de Toledo. Dos
circunstancias contribuyeron al florecimiento de esta aldea,
por un lado las obras promovidas por el Cardenal de Toledo,
Don Rodrigo Ximénez de Rada, en su afán de propagar la
nueva fe cristiana en las tierras conquistada a los musulmanes
y por otro, el trasiego de ganaderos por este lugar, al quedar
Chilluevar como paso obligado de la Mesta en el
camino que unía Andalucía y Levante. En "Chilluevar
la Vieja", como hoy se conoce al primitivo emplazamiento,
se construyó una ermita, una hostería, un cementerio y una
alberca. Ganaderos, peregrinos y comerciantes visitaban la
ermita, encontraban descanso en hospedería y pensiones, y
hacían abrevar al ganado.
La desaparición de la Mesta y la transhumancia supuso
la progresiva decadencia y marginación de este primitivo
núcleo, pero no así el de la localidad que a finales del
XVIII consagraba una nueva iglesia parroquial en el lugar
denominado "Chilluevar Nuevo", a un cuarto de
legua de la ermita antigua. En 1787 la aldea recibió el
título de "villa" a instancias del Cardenal Lorenzana,
un título que aunque no significaba ningún tipo de
independencia, avalaba su reconocimiento como núcleo de
población.
Los primeros años del siglo XX están marcados
por el largo proceso de segregación de Chilluevar del
municipio de la Iruela, que culminó el 14 de diciembre de
1926, con la independencia municipal de la primera.
Los primeros indicios de la presencia
humana en el entorno de La Iruela datan de La Edad
del Cobre (III milenio a C), con una intensa ocupación
hasta la Edad del Bronce. En la segunda mitad del II
milenio a C. se produjo un despoblamiento del área, que
aún no se explican los investigadores, hasta que en el
siglo II a C. asistimos a una proliferación de
asentamientos. Uno de estos es el de Nubla, que hoy se
divisa en el horizonte por restos de fortificación, y que
estuvo activo desde el periodo ibérico a época medieval. La
misma actividad se constata en época romana, el puente del
Molino que cruza el río Cañamares se atribuye a
este periodo.
Durante el periodo islámico La Iruela debió ser
una de las alquerías o pequeñas poblaciones rurales, que
poblaban la región, al igual que su vecina Cazorla. En
torno al siglo XI esta población se rodeó de una
muralla, mientras que la cima del promontorio le servía de
refugio.
En 1231 fue conquistada por el arzobispo de
Toledo, don Rodrigo Ximénez de
Rada, pasando a formar parte del Adelantamiento de
Cazorla, gran señorío construido por el arzobispo y
vinculado al arzobispado de Toledo.
En 1294 el arzobispo don Sancho de Castilla, con
la intención de reforzar el alfoz de Cazorla, le dio La
Iruela como aldea. Pero La Iruela no quiso sujetarse ni
obedecer este privilegio dado a Cazorla, provocándose
distintos enfrentamientos incluso violentos entre ambas
poblaciones. Hacia el año 1366, durante el gobierno del
arzobispo don Gome Manrique, militante en el bando de
Enrique II, las villas y lugares del Adelantamiento
quedaron divididas: mientras Cazorla siguió el partido
de Pedro I; La Iruela secundó la política del
arzobispo, concediéndole por ello el Villazgo el 28 de
junio de 1370. Esta independencia duró poco ya que
Cazorla consiguió del mismo arzobispo la anulación del
privilegio a La Iruela, volviendo a su condición de aldea el
5 de agosto del mismo año. En 1378 recuperó su
"autonomía municipal", con la concesión del privilegio de
Villazgo por el arzobispo don Pedro Tenorio. De
esta manera quedó sólo sujeta a la jurisdicción arzobispal de
Toledo cuyos prelados nombraban alcaldes, escribanos y demás
oficiales de justicia.
Don Francisco de los Cobos, secretario del emperador
Carlos V, consiguió que el monarca le traspasara la villa
en detrimento de la mitra de Toledo. Estos no aceptaron
la pérdida y pleitearon hasta que en 1606 recuperaron
la villa. Entre tanto, los Cobos, grandes mecenas en
las tierras de su señorío, mandaron edificar en el interior
del recinto del castillo, la iglesia de Santo
Domingo.
Los arzobispos de Toledo mantuvieron la posesión
de esta villa hasta agosto de 1811, en que las
Cortes de Cádiz suprimían la jurisdicción territorial del
arzobispado en todo el Adelantamiento de
Cazorla, quedándole a la mitra Toledana la
jurisdicción espiritual sobre estas tierras hasta 1958,
año en el que pasó a Jaén.
Los primeros indicios de la presencia
humana en las tierras de Cazorla se remontan al VI
milenio antes de Cristo, de los más antiguos de la
provincia. Se localizaron en el abrigo natural de
Valdecuevas, y han sido relacionados a la cultura de los
cazadores con arco.
Durante la etapa ibérica Cazorla estuvo bajo el égida
del gran centro ibérico de Toya (Peal del Becerro). De
esta fase es el Cerrillo de Depósito y el de
Castellones de Cavides. De su pasado romano existen
pruebas de la presencia en la zona de numerosas aldeas cuyo
tamaño era superior a la de una villa pero inferior a una
ciudad.
Ni durante la etapa visigoda ni en el periodo islámico se
menciona específicamente a Cazorla, de lo que se puede
deducir que seguiría siendo una aldea sin incidencia especial
en los acontecimientos de la época
En el siglo XIII se produciría un gran giro que
convertiría a Cazorla en el centro principal de su
zona. Fernando III el Santo concede al arzobispo de
Toledo, don Rodrigo Ximénez de Rada, diversos lugares de
la zona, aún en poder musulmán, para que fuesen conquistados
por éste (1231). El batallador prelado no sólo
recuperaría esos lugares, sino también un extenso territorio
que, más tarde, daría lugar a la comarca histórica del
Adelantamiento de Cazorla.
A lo largo de toda la Edad Media, el
Adelantamiento de Cazorla constituyó un
feudo de la mitra toledana que ejerció sobre él plenas
facultades normativas, judiciales y de gobierno, amen de otras
de tipo militar. Los señores del Adelantamiento eran los
arzobispos de Toledo, quienes designaban a un
adelantado y a otros oficiales para que se ocupara de su
gobierno.
Cuando en 1545, bajo las presiones de Carlos
V, fue nombrado adelantado de Cazorla Francisco
de los Cobos, secretario del emperador,
comenzó un periodo de pugna por el señorío entre la mitra y
los Camarasa, descendientes de aquél, que terminó en
1606 con la restitución del Adelantamiento a la
iglesia. En 1811, por decreto de las Cortes
de Cádiz, concluye el periodo de señorío
eclesiástico iniciado casi seis siglos atrás.
Cazorla tuvo un papel muy activo en la Guerra de la
Independencia. Tras reiterados intentos, las tropas
francesas mandadas por el comandante francés Taudacg, se
apoderaron de la villa, a lo que le siguió acciones
guerrilleras de rechazo para las que contaban con el apoyo de
los vecinos y la orografía. Por sus gestas heroicas las
Cortes de Cádiz de 1813 le dieron el título de
Ciudad y el de "Muy Noble y Muy
Leal". En estas mismas Cortes se concedió al
Ayuntamiento el de "Ilustre" y desde el reinado de
Alfonso XIII "Excelentísimo" por haberse
distinguido en las Guerras Carlistas.
La ciudad de Cazorla fue declarada Conjunto
Histórico-Artístico en 1972.
En la Sierra de Quesada hay
numerosos abrigos con pinturas rupestres, entre las que se
encuentra la cueva del Encarejo, el abrigo del Cerro
Vitar, la cueva de la Hiedra y la cueva Cabrera, en
las que, además de las pinturas, se hallaron materiales
cerámicos y líticos que han permitido datar la primera
ocupación humana de estas tierras en el III milenio a C.
Durante la Edad del Bronce (II milenio a C), con
la llegan de las primeras poblaciones argáricas, se volvieron
a ocupar los mismos abrigos y cuevas de la fase anterior, y
otros, como el poblado y necrópolis del "Corral de
Quiñones", en el Cerro de la Magdalena.
De su pasado romano cuenta la localidad con un conjunto de
gran relieve, la villa de Bruñel, magnífico testimonio
de arquitectura ligado a la explotación agraria y que contó
con un rico repertorio de mosaicos. En sus últimas fases de
ocupación, siglo IV d C., presenta estructuras
correspondientes a una basílica paleocristiana.
A demás de la de Bruñel, se han localizado otras
villas, como las de los parajes el Allozar, Voladero,
los Rosales y Aguas Calientes, que muestran una intensa
ocupación del territorio en época imperial.
El origen del actual emplazamiento de casco urbano de
Quesada parece ser de época visigoda, según los numerosos
restos aparecidos en la localidad, como los capiteles que hoy
jalonan el acceso al jardín de la parroquia.
Pero fue en época árabe cuando Quesada adquirió entidad
como núcleo de población. En los textos árabes aparece
nombrada como Madinat o qal´at Qayyata, una
fortaleza situada al pie de una alta montaña, que ofrecía el
aspecto de medina por sus mercados, baños, posadas y poblado
arrabal. En esta época fue muy famosa su industria de platos y
vasos de madera que serían transportados y vendidos por todo
Al-Andalus y el Magreb.
También la fuentes árabes hacen alusión a Hisn
Tiskar y lo sitúan en Raymiyya, un lugar que poseía
muchos lugares fortificados y elevadas montañas.
Desde la primera conquista cristiana por las huestes de
Alfonso VII en 1157, en los siglos siguientes
cambió varias veces de manos entre los castellanos y
andalusies. En 1231 el rey Fernando III puso en
manos del arzobispo de Toledo la empresa de tomar la
plaza de Quesada. Junto con Quesada se apoderó de
otras poblaciones que fueron cedidas por el rey a la iglesia
toledana y que más tarde constituirían el Adelantamiento de
Cazorla.
Pero, incluso después de la conquista del Arzobispo, no
cesaron los ataques a la población: en 1290, 1295 y
1299 Muhammad II de Granada conquista y arrasa el
arrabal, luego la vuelve a conquistar su descendiente
Muhammad III en 1302 y en 1310 volvía
a ser recuperada por el ejército de Fernando IV.
En 1319 fue conquistada Tiscar por el infante
don Pedro, tío de Alfonso XI.
En 1331 Quesada dejaba de formar parte del
Adelantamiento y era cedida por Alfonso XI a
la ciudad de Úbeda
Entre los hechos más destacados de la Edad Moderna cabe
destacar el motín de 1766, el primero en el que se
sublevaron las mujeres en España, y que tuvo como
motivo la subida del pan (repercusión del motín de
Esquilache). En 1788 se fundó en la localidad la
Sociedad Económica de Amigos del País. La reina Isabel
II el concedió el título de ciudad.
En los primeros años del siglo XX visitaron la
localidad los escritores de la generación del 98
Manuel Cigues Aparicio y Antonio Machado, que
basaron varias de sus obras en Quesada. Por estas
fechas, 1907, nacía en Quesada el gran pintor de
fama universal Rafael Zabaleta.
Las tierras de Larva están pobladas
desde la prehistoria más antigua, un poblamiento auspiciado
por su localización cerca del Guadina Menor, en la vía
de comunicación que unía el Alto Guadalquivir con Levante.
A un kilómetro del casco urbano se encuentra el asentamiento
ibérico de Cerro de Castellón, fechado entre el
siglo II y I antes de Cristo. Se trata de un recinto
fortificado situado en la parte superior de un cerro aislado
en medio del llano, que continuó ocupado en época romana.
En época árabe se identifica este lugar con el topónimo
Ullaraua que hace referencia a la celebración del "mercado
de los miércoles". La ubicación de Larva en una amplia
llanura, y cerca de la vía que unía el Alto Guadalquivir
con Levante, podría corresponderse con el lugar en el que
se celebraba el mencionado mercado. Muy cerca de este
emplazamiento se encuentra el castillo-refugio de el Tejar
de los Moros, por lo que lo más probable es que Larva
fuese una pequeña alquería dependiente de este hins.
Desde el siglo XIII Larva tuvo una vida muy
ajetreada ,en la frontera castellana-nazarí, jugando un papel
importante en el control de las algaradas, que a través del
Guadiana Menor, llevaban a cabo tanto los
musulmanes como los cristianos, asentados estos últimos en
tierras del Adelantamiento de Cazorla.
Hasta 1836 Larva perteneció a Quesada, en la
mencionada fecha los vecinos solicitaron a los propietarios y
hacendados de Cabra que tenían fincas en su término,
que les concedieran ciertas ventajas para decidirse a pedir a
las autoridades superiores, la separación de la aldea y de su
término, del municipio al que pertenecían y su agregación al
de Cabra del Santo Cristo. La dependencia como aldea a
este último municipio duró casi un siglo, hasta 1924.
Desde las fases más antiguas de la
Prehistoria y la Historia Antigua está
atestiguada la presencia de asentamientos humanos en el
término de Huesa, propiciados por el aprovechamiento de los
recursos de la vega fluvial del Guadiana Menor.
En la etapa Ibérica este territorio jugó un
importante papel al convertirse en uno de los lugares de paso
del transito de mercancías entre las altiplanicies granadinas
con el Alto Guadalquivir, particularmente de cerámica
griega. Debió ser un territorio con un activo poblamiento
como testimonia la existencia en el límite de su término
municipal con el de Hinojares de uno de los más
importantes oppidum ibéricos, el de Castellones de Ceal.
En la etapa romana se produjo una transformación de su paisaje
agrario con la proliferación de explotaciones agropecuarias,
villae, uno de esta es la del olivar de Brazo Fuerte,
al este de la localidad.
Durante la época islámica Huesa estuvo muy unida
a Tiscar y Belerda. Según el historiador
árabe Ibn Hayyan las tres fueron atacadas y destruidas en
el siglo IX por las tropas del emir ´Abd Allah.
Pero poco después vuelven a repoblarse y siglos después serían
los últimos enclaves en manos musulmanas de la sierra.
Tras la conquista en 1231 por el obispo
Ximénez de Rada de Quesada y
Cazorla, los núcleos de Huesa, Tiscar y
Belarda, se mantuvieron independientes bajo la
dirección de Mohammed Handon. En 1275,
aún sin conquistar, Alfonso X las cedió a
Úbeda, quedando como un islote de realengo dentro del
Adelantamiento. Esta situación se solventó cuando Alfonso
XI entregó Quesada al Concejo de Úbeda en
1331.
En 1436 fue conquistada por don Iñigo López de
Mendoza, Marqués de Santillana , reconquistada después por
los moros, fue liberada por don Francisco de
la Cueva en 1455, concediéndole Enrique
IV el título de Condado.
Durante la ocupación islámica el emplazamiento de Huesa
se situaba al pie de un impresionante farallón entre los 800 y
los 900 m. de altura, protegido por murallas. Tras la
conquista definitiva de Granada, el núcleo de Huesa
entró en una etapa de consolidación, trasladándose su
población a la llanura próxima, su actual emplazamiento.
El siglo XVI fue una etapa de prosperidad
económica, pero al igual que el resto de la provincia este
periodo expansivo se vio truncado en el siglo XVII,
por crisis de carestías y epidemias. En el XVIII se
inició el periodo de recuperación de la población, en ese
momento Huesa estaba dentro del marco jurisdiccional de
Quesada, a la que perteneció hasta 1848 en que
pasó a Cazorla.
Para conocer la Prehistoria e
Historia Antigua de Hinojares hay que
referirse a Los Castellones de Ceal
, uno de los más importantes asentamientos Ibéricos,
localizado en sus inmediaciones. El origen de este
asentamiento está en el control de la ruta comercial que desde
levante introducía los productos manufacturados griegos en el
Valle del Guadalquivir. Está situado en un espolón con
una meseta de forma circular, por donde son abundantes los
restos de murallas y construcciones de viviendas.. El estudio
de la fase ibérica de la necrópolis con ricos ajuares en los
que aparecen armas y cerámica griega señalan la presencia en
este poblado de poderosos personajes aristocráticos. La
primera fase de ocupación de este asentamiento fue a finales
del siglo VII o VI a J.C.,
posteriormente se abandonó hasta que se construyó el poblado
ibérico en el siglo IV a. J.C., que perduró hasta la
etapa romana republicana..
El origen de la actual población de Hinojares es
incierta, pues no se le cita en los documentos medievales de
la conquista de la Sierra de Quesada-Cazorla, aunque el
territorio en el que se enclava perteneció tras la conquista a
Quesada. Sin embargo, en su término municipal hay
aldeas y cortijos cuyos nombres si aparecen en las crónicas de
la conquista castellana. En este periodo se produjo un
traslado de la población de la montaña al valle. Uno de estos
ejemplos es Cuenca, que fue convertida en aldea de
Quesada en 1257. Estaba en la cima de un promotorio,
defendida en parte por lo agreste del cerro y por una muralla
con al menos cuatro torres. Disposición parecida tenía
Chillar, que en 1245 era todavía un castillo y en
1257 fue entregada como aldea a Quesada.
Hinojares debió de ser una alquería o una nueva
fundación en el valle tras la conquista castellana de estas
tierras. Hasta 1648 dependió de Quesada, pasando
entonces a ser aldea de Pozo Alcón.
En 1690 consiguió el título de villa y con ello la
independiente de Pozo Alcón. Este título fue parejo a
su concesión en señorío temporal a don Íñigo Rodulfo
Fernández de Angulo y Sandoval, del hábito de Santiago,
quien solicitó al monarca se le concediese la denominación de
Hinojares. Este señorío pasó posteriormente a la casa
nobiliaria del Conde de Arenales, quien solicitó al
rey, que el título de Hinojares, quedase para los
primogénitos de su casa. A finales del siglo XVIII el
marqués de Guadalcázar e Hinojares, era señor honorario
de la villa de Hinojares.
La historia de Pozo Alcón
tiene una fecha clave, el 12 de julio de 1648, en la
que el rey Felipe IV separó el lugar de
Pozo de la villa de Quesada, pasando a ser villa
realenga e independiente. Aquel día la localidad contaba con
191 vecinos, que para conseguir esta exención, tuvieron que
hacer frente del pago a su majestad de 5.000 ducados.
Sobre sus orígenes, la primera referencia escrita que tenemos
de esta población data de 1331, en la que se hace
alusión a Pocuelo entre los límites del término de Cazorla,
pero al parecer sin población alguna. Tras finalizar la
conquista de Granada se produjo una progresiva
colonización de aquella zona conocida como El Pozo de Campo
Cuenca. En 1529 fue objeto de roturaciones por sus
pobladores, que empezaron a cultivar sus terrenos baldíos.
Unos años más tarde, en 1572, el lugar del Pozo
fue roturado en su calidad de terrenos baldíos por los vecinos
de la villa, contando siete años más tarde con un populoso
cortijo de 80 vecinos y 60 en sus alrededores.
En 1618 ya contaba con la ermita de Santa Ana y la
iglesia de la Encarnación.
Tras conseguir su independencia municipal experimento un
progresivo aumento poblacional. A mediados del siglo XVIII
contaba con 316 casas, y 600 vecinos que sumaban
2.227 almas, con una parroquia, dos ermitas, un posito
y un hospital. En la localidad se producía trigo, cebada,
centeno, aceite, vino, comino y anís. Contaba con tres montes
de pinos, encinas, etc., propios para la construcción civil y
náutica, que eran destinados a surtir el departamento de
Cádiz. Entre las principales ocupaciones de los vecinos se
contaba la conocida como "arriería", que consistía en ir de un
pueblo a otro vendiendo y comprando lo que podían. Los
arrieros de Pozo Alcón eran conocidos en gran parte de
la geografía andaluza y levantina. |