Historia
Limitado este municipio por los de Alfoz de
Lloredo, Reocín, Torrelavega, Polanco,
Suances y el mar Cantábrico desde la playa de
Santa Justa a Puerto Calderón, tiene
como capital a la villa que lo fue de las Asturias
de Santillana. Pueblo que, según frase ya conocida
del filósofo francés Paul Sartre, es "el más
bello de los pueblos de España".
La
historia de este municipio se remonta con Altamira -la
cueva prehistórica más conocida en todo el mundo- a esos
15.000 años que hacen modernas a aquellas culturas orientales
(Egipto, Mesopotamia) que antes parecían ser la
cuna del gran arte de la humanidad. Sin embargo existen otros
materiales pétreos que hacen aún más vieja la presencia del
hombre, hasta llegar al Paleolítico Inferior -Achelense-
en los alrededores de Altamira.
La gens de los cántabros Blendios,
ocuparía, según se dice, los valles de este municipio, allá
por los siglos V-I a.JC. Y luego los romanos se establecieron
en Vispieres y Herrán donde dejaron testimonios
de su poblado en el primero y una interesante lápida sepulcral
en el segundo. Por este municipio pasaría la Vía de
Agripa, o camino costero que luego en la Edad
Media sería utilizado como calzada hacia Santiago.
En
la Edad Media, en el siglo VIII fue
repoblado, lo mismo que todas las Asturias de
Santillana, por Alfonso I, y de éste o del
siguiente siglos sería la creación de sus monasterios más
importantes como el de Santa Juliana en
Santillana o el de San Salvador de Viveda.
De
los siglos románicos (XI y XII), se nos han conservado algunos
monumentos. El principal es la iglesia-colegiata de
Santillana, uno de los edificios más significativos de la
arquitectura románica montañesa, del siglo XII: el templo es
de su primera mitad, en tanto que el claustro lo es de la
segunda. Románica es también la puerta de la de
Viveda, que tiene además una lápida de consagración
anterior, del 941 ó 928. En 1209 Alfonso VIII
concedía al concejo de Santillana el fuero por el que
habían de regirse.
Gayó la villa durante la Baja
Edad Media en el dominio de los abades del
monasterio y luego en el de la casa de la Vega,
marqueses de Santillana y duques del Infantado.
La
nobleza, o mejor la hidalguía, ha dejado en la villa de
Santillana un conjunto monumental de extraordinaria
belleza: torres fuertes del Merino, de los Velarde,
de don Borja, etc; casonas de alta prestancia:
de Leonor de la Vega, madre del
marqués de Santillana, de los Benemejís, de los
Barreda (Parador Gil Blas), de los
Villa, etc; conventos como el de Regina Coeli
(hoy museo diocesano), y, en general un conjunto urbanístico
inigualable que oscila entre los siglos XII y XIX sin rupturas
aparentes. |